martes, 5 de mayo de 2009

POR CULPA DE LA "GRIPITA"

NI BESOS, NI ABRAZOS… Y SALUDO DE LEJITOS…
Adiós a la dulce cochinada

Que vainas, por culpa de la enemiga pública número uno de la actualidad, la encopetada AH1N1, ahora también nos sugieren o de tajo nos quitan el placer de vivir, sentir y saborear esa dulce cochinada, la del intercambio de saliva, bacterias y demás con todos sus formatos, posiciones, ambientes, grados de dificultad (Fáciles o difíciles), en fin.

Pero así es la cosa, la gripita porcina nos está quitando poco a poco, muchos placeres, además de compartir con “Manitos” o amigos y familiares que estuvieron de paseo, estudio o negocios en el país Azteca, los conciertos con sus artistas, los partidos de Copa con sus equipos y un sinnúmero de actividades grupales, que en la medida que se detecten más casos, estas se incrementarán hasta ver escuelas, colegios, supermercados, cines, bancos, autobuses y centros comerciales vacíos.

Sin embargo, lo que mas me duele en el alma, en lo profundo del corazón y tiene hechos trizas mis sentimientos es la real posibilidad de la prohibición global de dar besos, así sean los sencillos de presentación social, los afectivos en casa y familia en general, los coquetos en los furtivos encuentros con la vecina, los apasionados con la asistente personal, los acaramelados con la noviecita de secundaria que volvió a aparecer, los nerviosos con la ex antes que llegue su nuevo marido, los eróticos con la sardina que hace menos de un mes lo aprendió a dar – el beso claro - y todos esos que a diario vienen y van, con simple roce, labio a labio, lengua estática, lengua mojada y vivaz o los más buenos pero que pocos quieren aceptar como los que genera la operación, 70 menos uno con todas sus derivaciones y ni pensar en aquel que tiene el nombre de la patria de Homero, Platón y Aristóteles.

Es impensable también el intercambio de chicle o cigarrillos, compartir la botella de agua o refresco, comer spaguetti boca a boca para ver quien llega primero, prestar el celular así la amiga o amigo no tengan minutos, sacar el pañuelo para enjugar lágrimas emotivas o de aquellas tristes de funeral, entre otros sencillos aspectos, normales en el cotidiano vivir y que ahora nos tenemos que desacostumbrar.

Por supuesto, el sublime beso está precedido de un simple apretón de manos o un apapacho suave o de oso, según el lugar y la ocasión, pero como estas prácticas también son vehículos de contaminación no han escapado a la ya larga lista, por lo que entonces ahora todo, hasta el saludo, tendrá que ser de lejitos.
Lo único bueno de esto es que ya no hay que buscar disculpas para darle la mano o saludar de beso a la amiguita intensa, la que piensa que por eso ya hay compromiso de por medio y que no desaprovecha el pasar frente a joyerías y boutiques de diseñadoras locales para buscar anillos y preguntar por los nuevos modelos del blanco vestido de novia.

Bueno, lo del saludo y hasta el abrazo, es soportable a fin de cuentas, y llevando en el bolsillo o el bolso un jabón aunque sea del chiquito, al estilo del excéntrico multimillonario Howard Hugues, se pueden cumplir las mínimas recomendaciones del lavado constante de manos y otra piel expuesta al ambiente, lo cual junto a un par de tapabocas, un paquetico de pañuelos desechables y de pronto una dosis de TAMIFLÚ, ayudará a sobrellevar por si las moscas el posible contagio o contaminación.

Pero lo del beso, caramba, en algunos casos habrá que arriesgarse, porque con lo buena que está la vecina, dejar esa tentación a un lado es casi que improbable y así seguro también pensarán las damas, cuando tienen la opción de un galán a la mano.

O díganme si no es verdad la prosaica sensación de un beso mojadito a la luz de una velas, con música suave de Kenny G, coctelito de Baileys y aroma de vela hindú, pues no hay duda que cada quien siempre tendrá a su lado la bobosa o el baboso a bordo que le genere ese efecto, cuando las papilas gustativas, así como en el comercial de La Alquería, se sublevan y piden siempre un poco más.

Por eso la sublime cochinada del piquito suave con sabor a fresa, chicle, menta o fruta fresca y el beso mordelón de color y sensación a selva intensa, mar encrespado, camino despoblado, poema endiablado, o membrillo en conserva, por un tiempo van a revivir la inocencia de la mirada o a pervertir la prohibición sensata de la salud pública para llegar al desacato y entre sombras chupar a lo loco, como en las épocas adolescentes de los años idos.

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